LA HISTORIA DE NO ME JODAS

CAPÍTULO 4. QUE TE PIRES A CUENCA

Surge de casualidad. Un compañero de facultad de Changa (Santi, de La Dama Oscura; mil gracias tío) nos invita a tocar en las fiestas del Casco Antiguo de Cuenca. Cojonudo. Será nuestro primer viaje fuera de Madrid y nuestro primer concierto al aire libre. Y también nuestras primeras fiestas. Todo pinta más que bien. Llega el día señalado, el 24 de junio. Encontramos medio de transporte a última hora, como casi siempre (también muchas gracias a ti Choro por el porte con la furgoneta; ¡y a Laura!). Partimos hacia allí, dos horas de viaje. Más o menos llegamos a la hora prevista. Primera odisea: encontrar aparcamiento. El Ayuntamiento no cumple lo pactado, y los policías (como siempre, la mayoría son gilipollas los pobres) nos ponen todo tipo de pegas para descargar el equipo en un sitio que estaba reservado para el concierto. Así, la furgoneta se ve obligada a parar en medio de plena Calle Real para discutir con el policía viejales creedor de la autoridad absoluta. Tantas luces tenía el policía que provocará un atasco monumental en plena cuesta y frente a la Catedral de la ciudad, atasco que tardaría bastante tiempo en solucionarse. Mientras, a nosotros no nos queda otra cosa más que partirnos el culo de la situación. Sin darse por vencido, el policía seguirá tocando los huevos. Para dar la chapa se unirá un vecino que empezará a hacer fotos (ni puta idea de para qué) al puzzle que habíamos hecho con los vehículos. El individuo era bastante tonto, y casi se llega a las manos con él.

Pasado todo esto y descargado el equipo se empieza a montar todo el tinglao. El concierto (denominado Cascorock) es en la Plaza de la Merced, un sitio bastante bonito, con portadas renacentistas e iglesias incluidas. Además, el equipo de sonido tiene muy buena pinta. Con todo montado ya y a punto de empezar las pruebas de sonido miramos al cielo preocupados. El día había sido inestable, con nubes. Ahora las nubes tienen mucha peor pinta y empieza a chispear. Ya se empieza a temer por la celebración del concierto. Nos cubrimos con lonas, protegiendo a la vez el equipo. La intensidad de la lluvia continua aumentando, siendo ya segura la cancelación de la actuación (¡nuestro primer bolo cancelado!). Pero no contento con eso, el cielo empieza a enviar pedruscos en forma de granizo, muchos de ellos del tamaño de pelotas de ping pong (sin exagerar). No habíamos visto eso en la vida. Cuando por fin escampa, salimos de debajo de las lonas y vemos que la plaza estaba totalmente cubierta de blanco, pero no de nieve, sino del granizo. Impresionante. Con todo ello, la decepción para nosotros es evidente, pero uno de los técnicos de sonido nos comenta la posibilidad de tocar en un Centro Social de Cuenca, donde esa noche había concierto y cuando terminase dejaban subirse a la peña a tocar. No lo dudamos un momento, hay que aprovechar el viaje. Seguimos a Dani, que así se llamaba el chaval, y después de un viaje que fue también bastante odisíaco llegamos al CSA La Nave. Estamos cansados, y parece que vamos a tocar a las mil. Con lo cual, cada uno hace lo que puede para aguantar. Algunos se soban, otros beben y otros se drogan. Al final acabaríamos tocando a las siete de la mañana, ya amanecido y para unas cuantas personas que aún mantenían interés después de una noche de bastantes conciertos. El concierto en sí fue un desastre, pero realmente lo pasamos bien. Nos daba igual cagarla, e interactuábamos bastante con el público, lo cual está de puta madre. Y cuando acabamos, absolutamente reventados, un desayuno y de vuelta pa Madrid. Vaya peripecia…

Restos de granizo sobre el escenario del Cascorock 2006.

Continuará...